TRASTORNO DE PÁNICO
Alguien que había vivido el trastorno de pánico me dijo una vez que es como si tuvieras un león a punto de atacarte a tu lado todo el rato.
La sensación de miedo intenso se apodera de cuerpo y mente y es prácticamente imposible de controlar para quien lo está experimentando.
Hoy hablamos de este trastorno, que se confunde en ocasiones con un problema médico, cosa que dificulta su detección y acompañamiento psicológico.
¿Qué es?: El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición inesperada y recurrente de ataques de pánico. Un miedo muy intenso, que surge “de la nada” y que acaba generando un miedo persistente a que vuelva a ocurrir. Lo cuál acaba convirtiéndolo en un círculo vicioso difícil de parar. Lo acompaña una sintomatología física que hace pensar a la persona que va a tener un infarto.
Síntomas: La sintomatología de este trastorno suele incluir: palpitaciones, temblores, falta de aire, presión en el pecho, sensación de irrealidad, ganas de vomitar o escalofríos. Los episodios suelen durar minutos, pero los efectos psicológicos sobre la persona se prolongan en el tiempo.
Prevalencia: Puede aparecer en cualquier persona, aunque hay factores que aumenta la probabilidad. Se muestra en más ocasiones en mujeres. Puede surgir en etapas con cambios vitales importantes, de sobrecarga o de exigencia emocional.
Vida diaria: Por supuesto, este trastorno puede interferir en la vida diaria de las personas que conviven con el. Es bastante común que el miedo a que vuelva a suceder acabe derivando en agorafobia. También correlaciona con problemas de sueño, de concentración y una sensación de inseguridad constante.
Terapias: Es la terapia cognitivo-conductual la que ha mostrado más evidencias respecto a este trastorno, ayudando a identificar los pensamientos automáticos y a reducir la interpretación catastrófica que hace la persona de las sensaciones corporales.
Técnicas
- Respiración diafragmática
- Exposición gradual
- Registro de pensamientos
- Desensibilización
- Relajación muscular
- Mindfulness
Estigmas: En ocasiones, desde fuera, se puede tener la sensación de que las personas que lo sufren exageran o están falta de control emocional. Esto puede conllevar que eviten contarlo, por miedo a no ser comprendidas. La información, como siempre, es el arma más poderosa para reducir estos prejuicios.
Conocer sus síntomas y como se desarrolla puede ayudar a reconocer el trastorno de pánico, en muchas ocasiones confundido con una sintomatología únicamente física.
Identificar al león, puede hacer que lo ahuyentemos poco a poco de nuestro lado.