TERAPIA Y FEMINISMO
Si has buscado psicologx alguna vez, habrás visto en la descripción de algunxs de ellxs que trabajan desde la perspectiva feminista, como es mi caso.
¿Qué significa esto de cara a la terapia? ¿Es útil o beneficioso para la persona que acude buscando ayuda este enfoque?
Hoy hablamos de feminismo y de como enfocar la terapia desde sus principios cambia muchas cosas, para bien…
El contexto: Si partimos de la base de que toda nuestra vida psíquica está atravesada por un contexto social, cultural y político, parece bastante lógico que a la hora de tratar con alguien en terapia tengamos en cuenta como las relaciones de poder, la socialización de genero o las desigualdades que históricamente viven las mujeres tengan efectos reales en la salud mental de estas.
Malestar social: Desde pequeñas muchas mujeres interiorizan que hay una serie de cosas que se esperan de ellas: que sean cariñosas, atentas, calladas… En resumen, que cumplan con una serie de expectativas que exige la sociedad. No poder identificar nuestras propias necesidades o el miedo a no cumplir con estas expectativas, puede ser motivo de malestar psicológico, atribuyéndole además, una responsabilidad individual.
Patologización: Históricamente, las experiencias de muchas mujeres han sido interpretadas desde la psicopatología, como por ejemplo la histeria en el siglo XIX. Desde una mirada feminista, nos plantearíamos si ciertos síntomas son, realmente, un trastorno o una respuesta lógica a determinadas situaciones.
La carga mental: La sensación de saturación, culpa, irritabilidad… por “no poder con todo”, no tiene que ver, normalmente, con una falta de habilidades sino con una distribución de responsabilidades que suele ser muy desigual. Si nos centramos solo en gestionar mejor el estrés sin cuestionar su origen, la mejora será difícil.
Violencia: Las mujeres sufren violencias, y no son solo físicas, también psicológicas, el acoso, la presión estética, la sexualización o la invalidación de sus emociones. No tener en cuenta como pueden influir todas estas violencias en la creación del autoconcepto o de nuestra autoestima, entre otras cosas, hará que el trabajo terapéutico esté cojo.
Mandatos de género: Ser buena madre, complaciente, no enfadarse, cuidar tu físico, ser productiva, profesional…y un sinfín de cosas más, son mandatos que reciben muchas mujeres y que pueden generan una presión psicológica difícil de gestionar y una sensación constante de ser insuficiente. Desde la terapia con perspectiva feminista, se revisan y cuestionan estos mandatos, para que no sean automáticos sino coherentes con nuestros valores y prioridades.
Libertad de elección: A parte de señalarse todas estas desigualdades, desde la terapia con perspectiva feminista lo que se intenta es poner el foco en la capacidad de la persona de decidir y de construir desde su bienestar emocional y no desde la imposiciones sociales no elegidas.
Ser capaces de ver desde una mirada feminista implica poder hacerlo desde una mirada colectiva, que revela muchas experiencias compartidas y socialmente condicionadas.
Reducir la culpa individual y entender como el mundo nos afecta, nos hará construir estrategias más realistas, respetuosas y trasformadoras.