Psicóloga Julia Gómez

LAS PRISAS

¿Has tenido la sensación últimamente de que tu vida va a cámara rápida? ¿Llegas con la lengua fuera a todos sitios y nunca sabes bien que fuego es el que tenías que apagar?

¿Es verdad que necesitamos estar así de ocupadxs? ¿Cómo nos influye el entorno para que vivamos tan aceleradxs? Hoy hablamos de esa sensación de urgencia permanente. De la prisa por todo y nada.

  1. La cuenta atrás: Cada vez hay más relojes en el metro. Contadores marcha atrás que indican cuántos minutos y segundos faltan para que llegue el siguiente. Cada vez corre más la gente en el metro. Y te hablo de horas en las que la frecuencia de paso es de, como mucho, dos minutos. ¿Marca realmente alguna diferencia que cojamos un metro 2 minutos antes o después?

  2. Ejecutivxs estresadxs: ¿Por qué en vez de parar plácidamente en el paso de peatones apuramos jugándonos la vida, esquivando motos, coches y hasta patinetes voladores? Todxs nos movemos a toda prisa por las calles de la ciudad, café en mano, porque tampoco nos ha dado la vida para tomarlo en casa.

  3. Runners: Corremos a coger el bus, corremos a comprar ese producto que se agota, corremos a conseguir las entradas de ese artistas al que antes decidíamos ir a ver el día de antes, pero ahora corremos, con un año de antelación, porque sino nos quedamos sin nada; le decimos a nuestrxs hijxs que corran, que no vayan tan despacio, que tenemos que llegar a no se donde porque no se que…

  4. La culpa: Corremos, corremos, corremos… y no solo con el cuerpo sino con la mente. Y claro, correr de vez en cuando no está mal, pero cascarte una maratón día tras día acabará por desgastarte. El sistema nos quiere productivxs, mucho, y la contemplación y el reposo ya no están en nuestras apretadas agendas. Una tarde en el sofá es igual a una tarde perdida, malgastada, desaprovechada…

  5. La buena vida: Sin embargo, aunque sea con desprecio envidioso, cuando hablamos de alguien que nos parece que no produce tanto, que no está tan hiperactivo, decimos “míralo, que buena vida!” O “tú si que sabes vivir”, porque por más que estemos metidos en la vorágine espídica del día a día, todxs (o al menos la mayoría) somos más felices en la tranquilidad de un verano. Sin despertador y con la única y lenta preocupación de ver que vamos a comer o donde vamos a ir a dar un paso mientras un helado se nos derrite en las manos.

  6. Sin tiempo de nada: Cada vez se habla más de cómo esta aceleración está haciendo mella en nuestros organismos y en nuestras sociedades. Un mundo que corre como pollo sin cabeza tiene poco tiempo para ser consciente de muchas cosas. nos han hecho tener la agenda tan apretada que “no tenemos tiempo” de: preocuparnos por eso, implicarnos en aquello o entender aquello otro.

  7. A toda velocidad: Consumimos información muy rápido también. Porque no tenemos tiempo de profundizar, de leer el artículo entero, le damos a x2 a los audios, a los vídeos, solo capta nuestra atención lo corto, lo directo…¿Cuántxs de vosotrxs habéis tenido el tiempo de llegar hasta aquí?

Todxs experimentamos aquello de “¡qué rápido pasa el tiempo!”, ¿es necesario añadirle más velocidad?

El tiempo se va volando por sí solo: busca momentos de calma, de reposo, de pararte a hacer nada. Desacelera para vivir más.

Scroll al inicio