Psicóloga Julia Gómez

ABUELA

Hoy habrían sido 92 años los que habríamos celebrado, a la fresca en tu patio, con un surtido de productos que previamente te habías encargado de comprar al murciano, regado todo por vino y por el miedo a que alguna de aquellas históricas sillas se partiera al más mínimo movimiento. Tenías razón abuela, ahí siguen todas, nunca se rompió ninguna. Ahora será raro entrar al patio y no verte sentada en una de ellas de espaldas al sol. Tus flores te echarán de menos abuela, pero no más que nosotros.

Me decías con el gesto torcido que “se estaba quedando un mundo mu feo”, como resumen claro y conciso de todo lo que está pasando. Y si abuela, se está quedando un mundo mu feo, ahora un poquito más feo sin ti. Este dolor egoísta de perder a alguien que te quería tanto, darte cuenta de que esos besos y abrazos profundos y sinceros no estarán más.

Abuela, te fuiste cuando más te necesitaba. La llegada de Manuel (tu Manuel) me hizo madre claro, pero también me hizo anhelar ser niña, que me achucharan ante las adversidades  con la intensidad que solo lo hacías tú, que me estrujaras con un ayyy interminable, que me admiraras como yo lo hacía contigo, sinceramente y sin filtros, como cuando había algo malo que decirnos, sin filtros también.

Abuela, te fuiste cuando más necesitaba una abuela, pero no puedo dejar de pensar que seguramente te he ido necesitando toda mi vida, y he tenido la suerte de que has estado ahí. 40 años juntas abuela, toda una vida.

Ana, la  Anita la modista, la pajarilla, mamá, la Abuela. Cada paso que demos va a ser raro sin ti. Qué duro el final abuela, pero no enturbia todo lo vivido: los arroces de los domingos, las sesiones furtivas de “Noche de fiesta”, las conservas, tus manos fuertes recogiendo todo lo que había que recoger en el campo, tu tabla de madera en las piernas y tú cosiendo, la entrega de billetes a escondidas, el canturreo de coplas, tu curiosidad permanente y todos los ratos de charla,  y tanto, tanto amor. Ahora todo me parece poco: poco tiempo, pocos abrazos, pocos besos, pocas conversaciones…Pero sé que no es así.

También estas palabras me parecen todo el rato insuficientes, es complicado expresar en medio del torbellino, pero poco a poco todo se va poniendo es su lugar.

Espero que te hayas encontrado con la Adela, allí dónde quiera que estés, y espero también que en esa realidad os escuchéis” apropiadamente” y os contéis todas esas anécdotas que ya hemos oído 1000 veces, y os riáis y lloréis con ellas también. Y que viváis con la paz de saberos parte de una familia que creasteis y alimentasteis con amor y tiempo, y que siempre os guarda un sitio en la mesa en la que estemos todos comiendo.

Abuela, como tú me decías cada vez que me iba: ahora estaremos un tiempo sin vernos, que le vamos a hacer, la vida es así. Ojalá un día un reencuentro, un abrazo eterno, un ayyy, un te quiero.

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