Psicóloga Julia Gómez

DESCANSO

Mis días de descanso se han acabado como, supongo, los de muchxs de vosotrxs.

Nos pasamos el año esperando a tener unos días libres, pero nuestro cerebro tiende a estresarnos en cuanto nos tumbamos un segundo a la bartola.

¿Por qué seguimos buscando ocupar todo nuestro tiempo aún en momentos de descanso? ¿Qué hace que necesitemos sentirnos útiles incluso en vacaciones? ¿Has conseguido realmente descansar o tenías la agenda a full?

  1. La culpa: Si no organizas 10 excusiones, 5 encuentros y conoces 4 rincones nuevos, aparece esa vocecita que te dice que estás perdiendo el tiempo. Tumbarte en la playa a mirar las nubes te parece un delito. ¿De dónde viene esta culpa y por qué está tan instaurada en esta generación?

  2. Identidad productiva: Uno de los mecanismos psicológicos detrás de esta culpa, es la fusión entre autoestima y rendimiento. Nuestro valor personal depende de lo mucho o poco que hacemos. El vacío productivo al que nos enfrentamos en verano hace que nos agote la culpa de no estar aprovechando el tiempo. 

  3. Ocio productivo: Duolingo en el metro, escuchar un podcast mientras corres, leer 20 libros en agosto…Aunque en apariencia nada de esto debería ser malo, lo es cuando es la única forma aceptable de descansar. Así, nuestro sistema nervioso no llega a desconectarse nunca, y cambiamos el estrés del día a día por el de producir bajo otras formas.

  4. La comparación: A todo esto le sumamos que parte de nuestro tiempo lo dedicamos a revisar que hacen “lxs otrxs” en sus vacaciones y, claro, las comparaciones ya se sabe…Cuanta más presión sentimos por no estar “disfrutando” como lo hacen otros, más lejos estamos de estar presentes en nuestra realidad.

  5. La vuelta: Por supuesto también tenemos nombre para lo que sentimos cuando se acaban las vacaciones: El síndrome posvacional. Todo eso que experimentamos cuando volvemos es totalmente normal, por lo que no deberíamos vivirlo como una prueba de que somos vagxs o de que no nos guste trabajar.

  6. Descanso necesario: El descanso parece haberse convertido en un lujo y nada más lejos de la realidad. Nuestro cerebro sigue funcionando cuando “no hacemos nada” y mantiene de esta manera cierto equilibrio psicológico. Se consolidad procesos de memoria, creatividad o regulación emocional. No darle pausa solo hará que nos quememos antes.

  7. En paz con la pausa: Salir de esta dinámica no significa no tener proyectos o metas, significa plantearnos si nuestro valor depende realmente de lo que hacemos o de dónde vienen estas exigencias, ¿son nuestras realmente? Debemos aprender a tolerar la ansiedad inicial que nos supone parar para que nuestro cuerpo aprenda que nada grave pasa cuando bajamos el ritmo.

Querer ser productivos hasta en vacaciones solo hace que mostrarnos cuanto ha calado en nosotrxs la cultura de la producción. Hemos interiorizado tanto estas lógicas que las necesitamos incluso en los momentos de mayor libertad.

Quizás la pregunta que deberíamos hacernos a la vuelta no es ¿Qué hemos hecho? sino cuánto hemos podido parar.

 

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