DIAGNÓSTICOS
Y ETIQUETAS
¿SI O NO?
En los último años ha aumentado el número de diagnósticos considerablemente. El dsm-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) ha incrementado el número de categorías a 541 (de 297 que tenía la anterior edición). ¿Es esto positivo o negativo? ¿Son necesarios los diagnósticos en terapia?
Comunicación entre profesionales: la función principal de los diagnósticos es la de poner nombre a algo para poder trasladar toda la información de una forma más práctica a quien lo necesite.
Esta sería la parte positiva, pero… y la negativa?
Patologización de la vida cotidiana: sentir tristeza, ansiedad o estrés es parte normal de la experiencia humana. Sin embargo, la tendencia a etiquetar cualquier emoción como un «trastorno» puede llevar a la medicalización de problemas que podrían resolverse con apoyo psicológico y cambios en el entorno.
Farmacéuticas: cómo siempre, las grandes beneficiadas, y unas de las grandes responsables de este aumento. Todo diagnóstico al tener un carácter «médico», tiene asociada una medicación.
Etiquetas: para algunas personas puede resultar beneficioso ponerle nombre a lo que están viviendo. Para otras puede suponer una etiqueta que conlleva algo estable, crónico…Que significa una parte de tí: «Soy depresivo».
Modas: de repente, no sabes por qué, no dejas de escuchar hablar de un nuevo trastorno. Y claro, como cada vez incluyen aspectos más de «la vida cotidiana», ¿por qué no vas a ser tú también una «persona ansiosa»?
Diagnósticos fake: por si fuera poco el incremento que nos proponen “oficialmente” desde el dsm5, extra oficialmente nos dedicamos a inventar etiquetas para trastornos que no tienen ninguna base de investigación detrás: p.a.s, síndrome del impostor, tdah desafiante a la autoridad…
Autodianóstico: con toda la información a nuestra mano, qué fácil es ponernos la etiqueta. Llegar a terapia con el diagnóstico hecho por unx mismx no es raro a día de hoy.
Un diagnóstico tiene que ser una herramienta, no una identidad que otorgamos a la persona o que la persona se atribuye a si misma.
Limitar nuestra identidad a un trastorno puede llevarnos a justificar comportamientos sin trabajarlos, lo cual puede dificultar la evolución de la terapia.