Psicóloga Julia Gómez

HIPERVIGILANTES

Todxs conocemos a alguien que, a pesar de que todo va aparentemente bien, parece que rebuscara la más remota posibilidad de que algo malo pudiera pasar. 

¿Por qué querría nuestro cerebro vivir en un estado permanente de alerta? ¿Cómo nos afecta vivir de este modo? ¿Qué ha hecho que pensemos así? Hoy hablamos del estado de hipervigilancia, vamos allá!

  1. Señales de peligro: Que nuestro sistema nervioso esté alerta de posibles peligros, es algo que nos ha hecho sobrevivir a lo largo de la historia. Que lo haga de manera permanente y en situaciones normales o seguras puede dar lugar a problemas físicos y psicológicos para la persona que interpreta así su realidad. 

  2. Cómo se expresa: Las personas que piensan de esta manera, suelen convivir con tensión corporal y mucho cansancio mental. La dificultad para desconectar y el análisis permanente de posibles situaciones de peligro, hacen que, aunque el cuerpo pueda descansar, la mente siga funcionando como si tuviera que protegerse de algo.

  3. ¿Quién?: Este tipo de personas suelen haber vivido durante mucho tiempo en entornos donde sentirse seguro era difícil. Por fuera, pueden parecer personas muy responsables, resolutivas, organizadas… Pero todo responde a esa anticipación permanente que por dentro mantiene la tensión.

  4. El día a día: Cuándo hasta los buenos momentos se viven con tensión es difícil que cuerpo y mente estén en calma. Imagina cómo afecta eso a las relaciones con los demás, al trabajo… Todo se verá atravesado por el miedo al conflicto o al rechazo y la necesidad de control.

  5. Terapia: Las terapias que se han mostrado más útiles a la hora de trabajar con este tipo de problemas han sido las que no solo trabajan con pensamientos, sino que tienen en cuenta el sistema nervioso. Por eso el EMDR y las terapias centradas en el trauma suelen ser especialmente efectivas. 

  6. Normalizar la tensión: Vivimos un momento social que no ayuda a este tipo de personas. Vivir en tensión y preocupados forma parte de nuestro día a día, y en muchos casos con razón. Necesidades básicas de nuestras vidas se ven en el aire por lo que el estado de supervivencia pasa a ser nuestro estado “normal”. 

  7. Imputs: Los medios de comunicación, las redes sociales, tu vecino del 5º… A diario convivimos con noticias de carácter negativo, en muchos casos magnificadas con la intención de someternos al miedo y en otros casos tan horrorosas que ya nos gustaría que fuesen una exageración. Todo esto activa nuestro estado de alerta y nos mantiene vigilantes. 

Por desgracia hay personas en este mundo que tienen que vivir hipervigilantes por hacerlo en un entorno hostil que no les deja otra opción. 

Si tenemos el privilegio de vivir en cierta seguridad, es importante que aprendamos a reconocerla para no vivir en una tensión innecesaria y dañina.

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