SOCIEDaD ENFERMA
¿Quién no ha experimentado en sus propias carnes la ansiedad en estos días que corren? ¿Es un problema personal o vivimos en un entorno que nos hace reaccionar de esta forma?
Vivimos en sociedades hiperexigentes, aceleradas, precarias e individualista, ¿no es esto ya suficiente para que pasemos la mitad de la vida ansiosos?
Hoy hablamos de ansiedad y del entorno que nos rodea.
Vivir en modo “supervivencia”: Muchas personas viven con horarios imposibles, exigencias laborales que no tienen límites, precariedad económica, falta de red…Es decir, viven en una alerta constante que da como resultado: insomnio, bloqueos, dolores físicos, ansiedad… ¿La solución? Haz yoga o ve al psicólogx, pero ¿y si el problema no es que tú no sepas regularte bien sino que tu entorno no te permite vivir con seguridad?
La magia de la autoayuda: Cuanto daño ha hecho eso de “si quieres, puedes”. Qué fácil hacernos creer que si no mejoramos nuestra situación personal, es cosa nuestra. Cómo si meditar fuera a hacer desaparecer un alquiler abusivo o que tu jefx no te pague las horas extra. Politiza y haz colectivo tu malestar y empieza a cuestionarte así cuales son las condiciones que te enferman.
Ansiedad estructural: La ansiedad puede venir provocada por distintas fuentes, pero está bien que aprendas a identificar cuando su origen está en la sociedad que te envuelve y sus características. Sentirse mal ante lo precario es una respuesta humana y un síntoma social.
Psicologizar lo político: La psicología tiene como reto actual no limitarse a aliviar los síntomas, sino también a visibilizar las injusticias que puedan estar causándolos. Con el modelo actual, en la mayoría de ocasiones, medicalizamos el síntoma pero no cambiamos nada de lo sistémico.
El problema no eres tú: ¿Has pensado alguna vez si sentirías esa ansiedad si tu entorno no fuera el que es? Si el problema no es individual, la solución tiene que ser colectiva. El sistema te quiere funcional, no feliz.
Solo un diagnóstico: Ponerle nombre a algo te puede ayudar, pero no puede borrar todo el contexto que lo envuelve. El síntoma no puede ser el enemigo a batir, debe ser la señal de que algo debe ser escuchado, y esa escucha pasa por dentro pero también fuera de ti.
Una cuestión social: Hablar de salud mental debería llevar implícito hablar de cambios y exigencias a nivel colectivo: acceso a terapia, pero también acceso a tiempo libre, a trabajos de calidad, a alquileres justos… Necesitamos menos culpa individual y más responsabilidad colectiva.
Muchas veces llamamos ansiedad a estar sobreviviendo a un sistema que no nos cuida, ni nos protege; solo nos ahoga.
Escucharte con conciencia crítica es el primer paso para cuidarte, y para construir otras realidades en las que vivir más sanamente.